jueves, 22 de noviembre de 2007

·Historia con final abierto·

Me subí al coche, mientras mi padre cerraba el maletero. No me lo podía creer, iba a ir a un concierto de mi grupo favorito. Apenas tardamos una hora en llegar, durante el trayecto mi padre me advirtió de que tuviera cuidado. Me bajé del coche y fui corriendo a la cola, donde se encontraban mis amigas. Habían dormido allí esa noche y estábamos de primeras en la fila. Me senté a su lado y apoyé mi espalda en un escaparate, dónde se podía ver la cafetería. Pasamos la mañana jugando a las cartas y escuchando música. A la hora de la comida, mi padre nos trajo unos bocadillos.

Cuando se acercaba la hora del concierto, nos levantamos para prepararnos s entrar. Todas gritábamos el nombre de nuestro grupo. De repente oí un ruido a mis espaldas, y me giré. La vidriera de la cafetería, se rompía en mil pedazos.

2 comentarios:

saturnino dijo...

Estupendo final. Esa vidriera que se hace añicos es una magnífica metáfora. Los cristales rotos por el suelo son las ilusiones (también hechas añicos) que el concierto había suscitado y que tan bien habías sabido plasmar antes de ese trágico y abierto final.

gustavina dijo...

Hallo!!

Pues na que no tengo ganas de escribir mis textos osea que me paso a hacer comentarios xDD

Ah por cierto, mi madre si que me deja ir al concert!!!!me dijo que nos llevaba ella y to...
Bueno pues nada mas.
besitos
dew