viernes, 30 de noviembre de 2007

·Historia desde el punto de vista del soldado·

Mi regreso después de la guerra era tranquilo. Caminaba por la calle cuando me encontré con una bruja que me dijo que si bajaba por un túnel que había dentro de un árbol, podría coger todo el oro que quisiera. La bruja me ató una cuerda a la cintura y me dijo que a cambio le tenía que traer el encendedor que había en la cueva. Cuando estaba abajo, ví un gran cofre, custodiado por un perro con los ojos grandísimos. Cogí unas cuántas monedas del cofre y antes de irme me guardé el encendedor. La bruja me subió y me lo pidió. Pero yo quería saber cuál era su utilidad. Y como no quiso decírmelo le corté la cabeza.

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