viernes, 15 de febrero de 2008

La guerra de Irak.

‘’Cien tropas se acercan a Irak, desde Estados Unidos. Después de la masacre de ayer, el gobierno estadounidense se encuentra agitado. George Bush sigue afirmando que no cesará en mandar tropas’’.

De entre la mugre se escuchó un movimiento de pies. Un niño de no menos de ocho años, escuchaba aquella radio de campaña. Marjane se levantó con cuidado para que nadie lo viera; se colocó la metralleta y emprendió el camino a lo que quedaba de su casa. Caminaba torpemente, clavándose la gravilla en sus descalzos pies. Le dolía el hombro sobre el que llevaba el arma. Apenas se distinguía la piel y las ropas; todo era marrón a causa del polvo que cubría su pequeño cuerpo. Cruzó el umbral de su ‘’casa’’, y se encontró con la única persona que quedaba viva de su familia: su abuelo paterno. Le contó lo que había oído en la radio y él le respondió con un movimiento vertical de cabeza. Se dirigió a la cocina, en vano, puesto que no había nada de comer. Soltó un bufido de resignación y se estiró en el suelo, mientras cerraba sus pequeños ojos marrones. ¿Qué hacía él allí? ¿Por qué tenía que cargar con una metralleta con tan solo ocho años? Desde que había nacido, Marjane había vivido en la guerra, nunca había sentido lo que es vivir sin una arma en el brazo. Toda su familia había muerto a causa de la guerra, por eso para él, la guerra era fría y cruel. Pero de repente algo irrumpió en sus pensamientos, el sonido de una bomba que acababa de explotar. Se asomó por la ventana y vio a un pelotón de soldados acercándose a su casa. Corrió hacia el salón para avisar a su abuelo, pero éste yacía en el suelo muerto. Un disparo alcanzó a Marjane, en todo el pecho e hizo que se cayera de rodillas. Los soldados se fueron mientras sonreían satisfechos. Marjane agonizaba, sentía el dolor de la bala clavada en su pecho. Con sus últimas fuerzas, cogió aliento y dijo: ‘’Dios, ayúdanos’’. Su deseo, que cesen las guerras, todavía no se ha cumplido. Esperemos que algún día se cumpla.

1 comentario:

davicyn dijo...

escritores
buen que este relato no te gustaba mucho pero para salir del aprieto de que Eduardo n te dijese nada vale a mi me gusta
n esta mal es mejor que cualquiera de los mios